Por más interesado que hubiese estado por este concierto, creo que fui uno entre muchos que deben haber desconfiado bastante antes de animarse a llegar a las instalaciones del Jockey Club la noche del último sábado. Muchos rumores circularon tras la suspensión del evento para la fecha inicial, especialmente todos los comentarios sobre la llegada de otra banda digamos “parchada”, sin la presencia de su rostro más característico, lejos de su etapa de mayor notoriedad y aún más de la de mayor creatividad.

Valen decir verdades, las dudas continuaron para nosotros tras llegar a la Avenida El Derby y hacer la habitual caminata rumbo a la zona que se acostumbra habilitar para ocasiones como esta. Cinco minutos pasados de las nueve, hora oficial del concierto, los organizadores nos dejaron con la sorpresa de recién estar permitiendo el ingreso general de todo el público. Una inesperada y enorme cola se forma casi instantáneamente, revelando una venta de localidades superior a lo que se suele hacer en este escenario de conciertos no tan multitudinarios.

Casi por llegar por fin a la entrada comienza a sonar la música de un grupo absolutamente desconocido para mi. Se trataba del primero de los dos teloneros programados, y que estaban ocupando la hora oficial de los esperados cincuentones de Birmingham. Los empresarios locales parecían empeñados en no quedar muy bien con el público hasta ese momento. Lástima por los dos grupos de reggae nacionales, que estuvieron muy pilas y no se merecían nuestra frialdad, pero eso de tener que esperar hora y cuarenta minutos después de lo programado para el artista de fondo, cansó a no pocos de los más de diez mil que estuvimos por allá.

Impaciencias, e insoportables comerciales en pantalla grande, no parecían capaces de ser curadas del todo por lo que se habría de venir. Pero he aquí que el escenario de luces y sugerencias semi tropicales comenzaba a anunciar algo que felizmente pudieron ver los fanáticos que vieron a los UB40 en su llegada dos días antes, que estos señores realmente se iban a empeñar por encarar a sus fanáticos y dar lo mejor de si mismos.

Suena la música, aparecen todos los miembros del grupo en escena y se despejan las dudas. Ahí están Brian Travers con el saxo al fondo y en plano elevado, Robin Campbell a la derecha con la guitarra, el buen Astro (satisfecho con tanto pisco sour seguro) al extremo izquierdo, y Duncan (el hermano y sustituto de Ali) en el centro. Suena Here I Am y con ello se terminan de ganar a los que pensaban en salirse por la demora.

En esa sucesión de hits con presentaciones de varias de las nuevas canciones que se encuentran lanzando con su formación actual, es que con el tiempo transcurrido y esa mala costumbre que tenemos de darle importancia a un grupo de acuerdo a como le vaya en las ventas y en su presencia en los medios, ellos siguen siendo esos profesionales que se iniciaron a fines de los años ‘70, y nos han regalado desde entonces un buen grupo de termas que se cuentan entre lo mejor de aquel sonido caribeño llegado hasta la fría Gran Bretaña por una asociación tan distante y presente como la colonización y el intercambio cultural.

Higher Ground, Rat in Mi Kitchen, Reggae Music, y luego llegan los momentos que más esperaba: Tyler y King, ambas procedentes del Signing Off, el primer, magnifico, y poco conocido en Perú, disco del grupo, y que fue el verdadero motivo por el que me animé a participar de esa fiesta de reggae. Claro que no dejé de extrañar a Food for Thought o a The Way You Do the Things You Do. momento hubo para lo feeling con Impossible Love y Kingston Town, pero la locura siguió con Red Red Wine, y con el despliegue entusiasta del bajista pasado a hacer toasting y ese cantante parecido a algún personaje de Pucca, que literalmente se robó el show (todavía tendré que averiguar de quien se trataba).

El esperado cierre se vino, no sin antes los agradecimientos, realmente sentido como sinceros, por parte de los líderes de la banda, bastante alegres de saberse adorados de esa forma en un país lejano y tonero al que llegaron para una única presentación en la región. Cualquiera en su posición pensaría de que todo el recorrido de más de tres décadas ha valido la pena si algo como ello queda tras los habituales rituales del ascenso y descenso en los charts y en la masividad impulsada por MTV. Qué otros digan lo que quieran, yo me quito el sombrero.

Foto: El Comercio

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