James Ellroy y su Sangre vagabunda

El hombre de las intrigas sórdidas y californianas lanzó hace poco su nuevo trabajo, que cierra esa especie de trilogía conformada por American Tabloid y Seis de los grandes, y en estos momentos se encuentra en Barcelona para seguir con una gira promocional por Europa . Sangre vagabunda (Blood’s a Rover) nuevamente transporta al lector hacia las décadas anteriores, hacia el verano de 1968, poco después de los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy.

Es el caso del detective privado Don Crutchfield, tan voyeur como se confiesa el propio autor, aunque está libremente inspirado en un amigo que fue detective de famosos en el Hollywood de los años ’50. A partir de sus investigaciones se va conociendo a otros personajes no menos inquietantes como Dwight Holly, el matón preferido de J.Edgar Hoover. “El poder corrompe a algunas personas, pero no a todas. Yo intento no hacer generalizaciones. Los actos de los protagonistas hablan por ellos. Es el lector el que debe llegar a sus propias conclusiones”, asevera.

A partir de esto siempre vuelve el interés del público por lo mucho que las experiencias personales extremas pueden inspirar sus ficciones. Desafiante, Ellroy suele decir últimamente que vive y escribe ignorando totalmente el presente y el mundo exterior, del que dejó de preocuparse “hace 20 años”, porque prefiere volcarse en los años 50 y 60, décadas que le obsesionan y que recrea en su imaginación de día y de noche. En sus declaraciones remarca el hecho de que no tiene celular, ni usa internet, o accede a la televisión, periódicos, ni libros. Sólo sus propias obras escritas tienen cabida en su casa. “No leo nada”, subraya.

El autor de La dalia negra y L.A. Confidential, afirma que para conectarse con la vida, tiene suficiente con sus amigos y su novia, y toda la investigación que necesita para escribir sus libros. Siempre le encarga a terceros que se documentan por él y le envían sus apuntes, a partir de los cuales Ellroy trabaja sus futuros libro. “Ignoro totalmente el presente porque quiero ser lo más eficaz posible en mi trabajo”, afirma, tras subrayar que, por ejemplo, no piensa salir del hotel durante su estancia en Barcelona y que, en Los Angeles, suele merodear de noche por su apartamento, de una habitación a otra, con las luces apagadas, dedicándose “sólo a pensar”.

Métodos de un autor tan original y que al confirma ser todo lo extravagante que imaginan sus lectores fascinados por su historial encabezado por el recuerdo del violación y asesinato de su madre, crimen sin resolver que ocurrió cuando tenía diez años y el cual buscó que se resolviera una vez que se convirtiera en un autor de éxito. Antes de ello pasó por circunstancias azarosas como depresiones crónicas, robos menores, coqueteos con drogas, hasta que consiguió pequeños trabajos de medio tiempo que le permitieron dedicarle tiempo a la fantasía de la escritura. Aunque dice no estar traumatizado por la muerte de su madre, asegura que “ella siempre está presente” en su imaginación y que esa obsesión ha ido adoptando nuevas formas con los años.

A la espera de tener entre manos este opus. nos quedamos con la promesa de Ellroy sobre una nueva tetralogía en curso y que estaría ambientada en la Norteamérica más allá de sus habituales años ’40 y ’50, y de la que no quiere dar más detalles todavía.