Recuerdos de una celebración con Lacrimosa en Lima


El año pasado me los perdí cuando se presentaron por primera vez con motivo de la gira Sehnsucht y a pesar de la tensa jornada electoral del domingo, sabía que esta vez no podía perdérmelos a pesar de los pros y contras con los que cuentan en su haber. Lacrimosa es una de las bandas de la onda gótica que me siguen causando curiosidad, y por lo visto todos sus aún escasos fieles no tuvieron reparos en acudir al Vocé a pesar del trauma del tráfico de una día antes.

Pero como nunca la hora punta de este lunes estuvo más tranquila que de costumbre. Algo que quizá, era el preludio para un encuentro casi furtivo, cercano (más de lo que imaginé realmente), con esta banda que regresó poco más de un año después para compartir con sus seguidores peruanos la celebración por sus 20 años de trayectoria, la mayoría de los cuales la dupla conformada por Tilo Wolff y Anne Nurmi se ha convertido en su imagen característica.

Aunque estuve muy cerca, por vías alternativas, nunca fui lo que se dice un amante del gótico, salvo quizá por mi fascinación por las iconografías y las alusiones oscuras. Pero militante o no, vale reconocer que hasta un concierto aparentemente de ligas menores, como el de esta banda, puede ser un nuevo motivo para recordar los momentos en los que hasta tus momentos más oscuros pueden ser motivo de una felicidad muy personal, de esas que tal vez no compartes tanto con tus compañeros de clase o de trabajo, pero si con alguien con quien te miras fugazmente cuando Tilo termina de cantar cosas como Schakal o Malina. Cuando incluso algunas tonadas menos logradas, te pueden parecer que funcionan de maravillas en el ambiente adecuado.

Pero con todo lo recorrido y absorbente del vocalista, y las pasiones que desata (que lo diga ese fan enamorado que se subió a abrazarlo casi llegando al primer encore), debo decir que casi todo el tiempo tenía la vista puesta sobre Anne (¡juro que me miro y sonrió dos veces!). Sigo pensado que debería tener más espacio para lucirse, aunque su buena onda y naturalidad delatan su comodidad detrás del líder, salvo cuando le tocó dejar los teclados en los dos momentos menos efusivos, pero más sobrecogedores de la noche.

Entre tantas ofertas musicales atomizadas en este momento, se me hace difícil dedicarle más de una vuelta a una sola. El ligero eco que me quedó del encuentro con Lacrimosa, me tendrá con la viada gótica por lo menos para acompañar estos días algo friolentos de octubre. Eso ya es bastante.

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>