Machete (2010)


Robert Rodriguez no será ni de lejos tan talentoso como Quentin Tarantino, pero ha sabido adaptar muy bien la irreverencia que lo ha caracterizado desde El mariachi, a la influencia y las sensibilidades pop de este director, de por sí rastreable en gran parte del cine de acción e independiente de los últimos quince años. Porque el acierto mayor del troublemaker fue haber entablado amistad con esa especie del mentor, cuyas lecciones se pueden avizorar en algunos de los mejores momentos de su carrera. No es nada casual que una película como Del crepúsculo al amanecer llegue al límite del desmadre que anunciaba la fallida Desperado, pero que a pesar de ello contenga quince primeros minutos absolutamente geniales, estructurados al puro estilo de Reservoir Dogs o Pulp Fiction, y para colmo con el propio QT diciendo presente frente a las cámaras.

Lo anterior viene al caso porque Rodriguez es un cineasta que a veces puede ser imprevisible y otras muchas también tremendamente rutinario, por más que se venda como el eterno chico cool, irrespetuoso con cualquier temática, norma o ética establecida, incluyendo la de los censores o quizá hasta de los críticos. Lo mejor y lo peor de su forma de ver el cine suelen estar en pugna dentro de lo más vistoso del cine de gran espectáculo de Hollywood, y con toda seguridad, es cuando se somete a la órbita o los motivos taratinianos que le va mejor. En toda la algarabía efectista de la irregular adaptación fílmica, de la muy fílmica, Sin City no dejaban de sorprender tramos narrados con singular brío. Mientras que en Planeta terror, la primera parte del proyecto Grindhouse, nuevamente con Quentin como co-perpetrador y miembro del elenco, el director consigue sintonizar muy bien con la idea del “pastiche de pastiches”.

Aquella anterior entrega me parece la más lograda de la variopinta trayectoria de Rodriguez y además fue de la que germinó esta nueva película-homenaje. Intentando continuar esa línea, Machete acomete una payasada mayor y muy reclamada por la hinchada desde hace rato. Recoge a ese personaje secundario de algunas de sus películas previas, que no importa que haya muerto y revivido varias veces antes o que se haya pasado de los buenos a los malos y viceversa, porque de lo que se trata es de seguir retorciendo la tomadura de pelo hasta que el espectador se la tome más como una sucesión de sketches que como una película exija el mínimo compromiso. En ese sentido, la tosca presencia del actor Danny Trejo y la concepción de los demás personajes, al puro estilo comic, funcionan como figuras casi de postal, en medio de una falsa epopeya sobre los innumerables conflictos en la frontera mexicano-gringa.

La película desarma algunas de las secuencias de ese tráiler humorístico que le dio el soñado protagonismo a Machete, para extenderla en una espuria intriga en la que el pelucón y curtido héroe termina convertido en la versión “machucada” del pintón héroe que componía Antonio Banderas por las inmediaciones de líos entre señores de la droga, socios militares y políticos, y guapas acompañantes exudando latinidad y compromiso social. Lo malo es que salvo la chacota, no existe otra arma de la que eche mano Rodriguez para darle mayor interés a su travesura hecha largometraje. El atractivo visual, gore incluido, quedan reducidos a la mínima expresión, solo para un desfile de estrellas convertidos en estereotipos andantes y apenas esbozados: De Niro, Don Johnson y Jeff Fahey en plan de capos herederos del far west o lo que queda de este, Steven Seagal como el man del narcotráfico y de los sables, Jessica Alba como la chicana que no sabe ni pio de castellano, y Lindsay Lohan como, bueno… Lindsay Lohan.

Machete (Tráiler)

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>