Lima Hot Festival II: rock y calabazas hasta la medianoche


Durante varias semanas estuvimos fantaseando con este momento, como cuando veías los colores pastel del video de Tonight, Tonight o la crónica de juventud de cuatro minutos titulada 1979. Billy Corgan llegaba a Lima por primera vez luego de más de una visita hecha a Sudamérica en años anteriores y con The Smashing Pumpkins recompuesto, una vez más, desde hace unos meses. La oportunidad de poder verlo en vivo nos la dio el Lima Hot Festival que se efectuaba luego de dos años de aquella presentación de R.E.M. y Travis en el Estadio Nacional. Esta vez era otro clavo, otro generador de histerias, otro héroe de la música de las últimas décadas el que llegaba para exhibirse como esa contradicción andante que siempre será, así entren y salgan los amigos y compañeros de ese circulo que ayer se cerró de la misma forma, tan desconcertante, incluso con sus momentos más felices y otros tantos que no lo fueron tanto.

Pero antes de nuestra calabaza, el cartel internacional del festival presentaba a los galeses de Stereophonics, la banda de Kelly Jones que a pesar de no ser una que me entusiasme demasiado tiene canciones para armar ambiente, cosa que demostraron ante una gran mayoría atenta incluso cuando no se supiera mucho de su repertorio por esta parte del mundo. Pero de que tienen sus fans los tienen y ayer se los pudo ver desperdigados por uno y otro lado de la cancha del Estadio de San Marcos que por esas horas, alrededor de las ocho y nueve de la noche, se encontraba todavía discretamente ocupado. No cabe duda que la atracción era Corgan, aunque eso no hizo desmedro del cumplidor espectáculo que brindaron, con un repaso casi completo de su repertorio más destacado que culminó con Dakota, despedida que fue la más adecuada.

Minutos después de las diez se hacía el anuncio esperado, el ídolo de las metamorfosis, del inicial desgarbo alternativo, de la subsiguiente camiseta zero, de los trajes entre sacerdortales y futuristas, aparecía ante nosotros. Fue una de las experiencias más emocionantes que pudo haber vivido alguien que haya disfrutado la que podría considerarse la época dorada del rock alternativo, aquella que en una convocó Billy con chullo en la cabeza e iniciado los primeros acordes de Today.

Ese gran inicio anticipaba una noche en la que se impuso lo inesperado en muchos sentidos. Cuando todos esperábamos un show con el mismo orden de canciones que inevitablemente muchos cogemos para estar guardia, Billy llegó para reírse de eso y tocar una de esas joyitas que secretamente esperábamos corear para más adelante. Pero no olvidemos que este músico no necesariamente llega con tanto animo de sorprenderte como si de descuadrarte, hacer que no la pases tan cómodo, ponerte a prueba si es que te animaste a acudir fielmente a pesar de que hayas escuchado más de cien veces las discusiones entre los más acérrimos seguidores de la historia Pumpkins.

El concierto lo podría dividir en tres partes claras de las cuales la más extraña fue la segunda, cuando luego de la espectacular versión de Bullet With Butterfly Wings, y de que Nicole Fiorentino se convirtiera en el centro de atención de medio mundo (siempre me acordaré de la abeja Maya con este concierto, me dijeron por ahí), comenzara una sucesión de canciones más recientes, ratos en los que la conexión con gran parte de público se perdió. Podría haber sido una cuestión solo de preferencias o la impresión desde la ubicación en la que me encontraba, al lado de la pirámide luminosa, pero me pareció el momento menos feeling de la noche, algo que hasta se hubiera compensado por el infaltable entusiasmo de quienes se encuentran más cerca al escenario sino fuera por algunos problemas con el sonido que luego motivarían algunas palabras y bromas con el público, algunas no necesariamente afortunadas.

Pero así es Billy y lo sabíamos con anticipación. Llegó un momento tras ello, que pensé lo peor, que el divo pensaba irse dejarnos con las ganas a los que conservábamos la fe y que estamos siguiendo entrega tras entrega su Teargarden by Kaleidyscope. Pero de pronto otro giro y se iniciaba el tercer round con encore incluido, el que nos transportó a los tiempos de la melan-colía, de los sueños gemelos, al rock de los queribines, a recordar la palabra con z y los panatalones plateados. ¡¡Esta noche!! repite Corgan y la euforia esta vez se sintió en todas partes eran los minutos soñados, las flechitas que esperó lanzarnos en el momento en que nos distrajimos.

Y tal vez en este combate parejo ese lado entrañable sea el que prefiero que venza dentro de mí, en lugar de los deméritos. Como que Ava Adore haya sonado sin el punche eletro que caracterizó esa vuelta de tuerca en la carrera del cuarteto, o que la interpretación de Disarm haya sido realizada con una condescendiente pista grabada, o que finalmente no hayan habido más tiempo dedicado a los sueños experimentales de la banda de rock en sus inicios. Esto último es algo que solemos pensar algunos seguramente en casi todos los conciertos, pero que caramba, hay emocionen que no tiene como pagarse y algo de eso lo degustamos con todo lo voluble que es el originador mismo de estas pasiones, que como en ese otro cuento con una calabaza nos dijo adiós al dar las doce tras una noche que todas maneras será recordada por aspectos que hasta contrastan entre sí. Eso queda, eternamente queda.

Fotos: RPP

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