La reunión del diablo (2010)

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De forma algo menos bulliciosa, M. Night Shyamalan ha presentado este año el inicio de una trilogía de películas que más o menos pretenden vender su marca y sus habituales temas pero dentro de las habituales entregas de cine de terror que se cuentan por centenares a lo largo de cada año en Hollywood. La reunión del diablo, es una película que fácilmente puede pasar desapercibida si es que este famoso cineasta no la apadrinara desde el lanzamiento. En este caso, sus labores de productor y guionista oscurecen cualquier crédito que pudiera recibir el profesional al que le haya encargado la dirección, en este caso John Erick Dowdle (Quarantine), y esa es la impresión que deja la película en conjunto: como una especie de versión extendida de algún programa de trasnoche que podría titularse “Shyamalan presenta”.

La historia es relativamente simple y practica como para demostrar lo último dicho. Cinco personajes quedan atrapados en un de varios ascensores de un edificio en Filadelfia, casualidades de la vida la investigación de un aparente suicidio en ese mismo lugar permite contar de inmediato con dos detectives que intentarán hacerse cargo de la situación que se va tornando cada vez más insólita. Casi a lo largo de toda la película se va alternando la carrera contra el tiempo entre los que se encuentra tratando de resolver el problema en el exterior y las crecientes sospechas y roces entre los que se encuentran en el interior del cubículo.

La aparición del componente sobrenatural es, todo lo contrario a las pelas realizadas por el propio autor de El sexto sentido, directa y guardándose hasta la última sutileza casi desde el arranque. Pero contrariamente, es esta funcionalidad lo que deja a La reunión del diablo, un tanto mejor parada que las últimas y fallidas “creaciones” de este director que en algún desmedido instante de entusiasmo fue comparado hasta con Hitchcock o con el mejor Spielberg. La atmósfera intrigante, las connotaciones religiosas y su obsesión por el dualismo son replicadas con eficacia en escasos minutos al inicio que de lejos deben ser los mejores instantes de la cinta.

No obstante e irónicamente como sus personajes habituales, este nuevo engendro de Shyamalan, aunque sea de costado y de forma menos desastroza, también deja ver dudas en el mismo borde entre la huella personal y el trabajo medido y aceptable para rendir cuentas al espectador con algún que otro susto o imagen terrible programada en diversas estancias del relato que hasta se pueden contar con los dedos. Solo las parrafadas místicas y estereotipadas de ese vigilante hispano (Jacob Vargas), revelan que algunas “originalidades” insertadas en la mecánica rutinaria de esta ocasión, hubiesen dejado un saldo mucho más desfavorable. Eso solo termina reservado para los sermones del final.

Devil