Se dice de mí (2010)

Entre las comedias juveniles que se han estrenado en este año que se va no ha habido demasiadas sorpresas. Se dice de mí (Easy A) puede considerarse una de esas escasas excepciones. Se trata de una película que le echa un vistazo a los comunes componentes de este tipo de películas pero desde la autoconciencia y cierta evocación cinéfila que, al puro estilo indie, apela con algo de más ingenio de lo habitual a referencias que van de citas a la comedia ochentera a un recuerdo disparatado de las tan estadounidense ficciones de Nathaniel Hawthorne nada menos.

Pero no es que a esta película la haga superior a otras el hecho de que su línea argumental se encuentre elaborada por esa erudición casi de tesis como las que elabora Olive, la protagonista a lo largo de su mini via crucis adolescente. El director Wil Gluck le saca el jugo con todo lo potencialmente divertido e irónico que puede tener una historia en la que la “A” del título representa a una calificación escolar, no la oficial pero si otra igual de habitual. Es esencialmente la historia de la chica enfrentada a una galería de condiscípulos y autoridades pero con un sabor bastante alejado de lo habitualmente ramplón.

Ello se basa especialmente en el buen desempeño de Emma Stone, algo más histriónica que las usuales intérpretes de esta vertiente, y que se revela como una interesante actriz, que tal vez para lucir sus dotes en las humoradas juveniles no necesite tanto posar como la chica que un pos de salir del anonimato permite que se esparzan algunos rumores sobre su vida personal que se salen de control hasta que se obliga a si misma a posar, con dramatismo friki, como una reinterpretación de Hester Prynne con su letra escarlata de desarraigo en el pecho. “Pero no como en la versión con Demi Moore” en aclaración de la propia protagonista.

Y a su estilo, la película se acerca tanto a los tópicos como a sus referencias “culturosas” con mucho de desenfado jugando a favor, volviéndola fresca, disfrutable, y hasta menos boba que las que adornan el campus de estos años. Sarcasmos de una vida colegial en la que incluso estando rodeada de sus repelentes compañeros religiosos, la propia Olive tenga que asumir el papel de buena samaritana con cuanto loser se le cruza, pero que desembocan también en escenas inusualmente tiernas como ese gusto nerd pero inaguantable de recitar un puñado de momentos románticos o felices de aquellas películas del brat pack que muchos actualmente busca emular.

“John Hughes no dirige la película de mi vida”, dice algo resignada la pelirroja, que cada vez queda más remarcada en la lista de estrellas en potencia luego de Superbad y Tierra de zombies. Pero algo de esa influencia la toca por lo menos para diferenciarla entre tanto ripio que inunda el cartel.

Easy A

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