Winter’s Bone (2010)

La directora Debra Granik no es una desconocida en el ámbito del cine independiente gringo más reciente, su primera película Down to the Bone se había ganado una atención que ha sido corroborada a lo largo de todo el año pasado por Winter’s Bone, adaptación de una novela del bastante influyente Daniel Woodrell habituado a narrar episodios criminales ambientados en su natal Missouri. En un primer momento esta película parece ser pretexto para una de las rutinas preferidas de los cineastas de la franja off Hollywood como es la observación de ese mundo que llaman de white trash, lleno de conflictos, carencias y disfunciones. Pero las cosas se tornan un poco más complejas que solo aplicar escenas de peleas familiares al uso.

Winter’s Bone se interna en ese contexto y también bajo una incierta historia digna del film noir (o country noir como se bautizó a la obra de Woodrell) para tentar algo más difícil, viéndolo todo a través del punto de vista de la protagonista, Ree, pero también con una marcada aspiración por la abstracción. La película narra de forma correcta el divagar de la chica llevando a cuestas el peso de una familia definida por la soledad y la extrañeza del paisaje frío y boscoso, pero lo que la hace atípica es la sutil forma en la que va dirigiéndose hacia una visión más cosmogónica, que la aleja de la tentación denunciatoria de su acento realista.

Ree busca la verdad acerca de su padre, corre contra el tiempo pero también en círculos, se enfrenta con las autoridades legales y distantes tanto como con las que son de facto y que viven a unas cuantas casas cerca de la suya, pero todo acontece bajo un tono que nunca hace que la intriga adquiera la apariencia de lo antinatural, del ritmo monótono y diario de su vagabundeo en pos de arreglárselas para conservar a su familia. De ello a su vez surge la ambigüedad. Ree es orgullosa, terca en todos esos aspectos de su vida en los días en los que acontece la trama, pero también guarda esa complicidad colectiva ante los modos en los que se establecen las reglas de su sociedad al margen. Es la percepción de un universo hermético anclado en una geografía abierta y filmada sin concesiones.

La actriz Jennifer Lawrence cumple en ese papel en el que pesan los logros de la puesta en escena tanto como el riesgo de lo fallido que podría tener, al menos como ese retrato cultural o antropológico en el que se pueden lanzar variadas lecturas. Una de ellas es la interesante forma en la que se adapta a los lineamientos básicos de esas historias de terror y suspenso ancladas en la incomprensión y los prejuicios llevados al clímax en las películas sobre cazadores de turistas y hippies de los años setenta, pero revisadas desde la normalidad o racionalidad de aquellos personajes delineados en trazos gruesos y bajo la óptica y fantasía urbana. La protagonista transmite bien la idea de descubrir lo perturbador no como un ente ajeno del cual huir sino como parte de la esencialidad de su existencia y sus afectos.

Pero en Winter’s Bone ese acercamiento es revulsivo por sus propios medios. El clima de amenaza permanece latente pero casi nunca desatado, salvo en un par de momentos fuertes y muy logrados. Las escales en esa especie de investigación se trasmutan con los de la contemplación y esas soterradas incertidumbres y preocupaciones que parecen hacerse dueñas de escenas desvaídas pero que le otorgan la apariencia de un balada o más bien de una historia de iniciación en la que se asientan lo infantil y lo macabro, como si la protagonista de Yo caminé con un zombie volviera sobre sus pasos bajo el filtro de una ficción de Jack London. La directora Granik sale incluso triunfando si se etiqueta elementalmente a su película como un retrato femenino.

Y haciendo conclusiones eso es en lo que se convierte Winter’s Bone. No intenta decir nada nuevo que no salga en otros proyectos que hacen eco de los tópicos indies o documentales, pero se las arregla para dotarla de sugerencias como tal vez no se veían desde el más fronterizo Gus Van Sant. Es un cuento que tiene de comprometido como de distanciado, de duro y perverso pero incluso con espacios donde se filtran las afirmaciones y la camaradería. Los dilemas y fantasmas de Ree se acercan a esos tanteos por la intrigante dimensión de la resignación y la aceptación individual como también por los retratos de la tenacidad puesta de manifiesto en los reductos que probaron el triunfo de la colonización. Su gran dilema, el único que realmente queda abierto, es que ni ellos parecen conservar el glorioso recuerdo como consuelo. El misterio del hueso de invierno hasta me resulta el de una crónica sobre esa épica finalmente fracasada.

Winter’s Bone (Tráiler)

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