Master of Puppets 25 años después

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Este 3 de marzo se cumple un cuarto de siglo tras la salida de una de las obras básicas del thrash metal y del rock en general. Siempre ocupando un lugar en las listas de preferidas de todos los tiempos, Master of Puppets es considerada la obra maestra de Metallica, la más abierta al gran público hasta ese entonces pero también la más custodiada por sus fanáticos por muchas razones. Entre ellas porque fue la última en la que hizo su aparición de Cliff Burton, trágicamente desaparecido meses después.

Para cuando llegó este tercer disco, James Hetfield, Kirk Hammett, Lars Ulrich, junto con Burton, se habían proyectado como una de las bandas que definirían ese estilo del metal que se alejaba de los cuentos de terror y lo teatral para darle un sentido más social, callejero, más cercano a lo cotidiano, a las noticias de todos los días y los gritos contestatarios que provocaban. El tema de la guerra nunca sonó tan ajustado a la velocidad de esta vertiente tan americana que pasó tomarle la delantera a la etapa más clásica del género.

Canciones como Battery, Disposable Heroes, Welcome Home (Sanitarium), la clásica que adorna la portada apocalíptica, siguen sonando tan vigentes como la primera vez. Fue como la comunión de todas esas tendencias que irían probando con el tiempo: lo más ambicioso y conceptual por una parte, pero también lo mayor aproximación a lo popular que pudo tener el metal sin tener que volverse concesivo ni mucho menos.

La llegada a este punto culminante tuvo como corolario la partida del que con poca discusión fue el mejor bajista del metal. La contribución de Cliff en estos tres primeros discos es ostensible y la vez marca la contención de las diversas influencias de la banda que se desatarían más tarde. Una burla del azar hizo que Burton fuera la única víctima mortal del accidente que tuvo el bus que los llevaba por las carreteras suecas en el tour europeo de setiembre del 86, año de muchos cambios en la escena rockera, a veces para mal también.

Pero en este caso significó el capítulo principal de esa era dorada de los azotes y martillazos a los que volveremos más extensamente estoy seguro.