Fatboy Slim en Lima 2012: amanecer de un día agitado
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En menos tiempo del que hubiéramos esperado, casi tan pronto como caseritos de muchos menos calibre como David Guetta, el DJ inglés ha sido el encargado de ser uno de los inauguradores del 2012 en materia de conciertos en Lima. Aunque en honor a la verdad, su presentación de esta última madrugada de viernes ha sido mucho menos concierto, propiamente dicho, de lo que fuera su visita en noviembre de 2010. Y eso que esta vez fueron tres horas de show que coronaron una salida extática celebrada por los primeros cantos de los pájaros en las inmediaciones del Estadio Monumental de Ate.

Digo que fue menos concierto, no porque el anterior hubiera tenido menos pistas, menos pinchadas, menos remixeos de lo que Fatboy Slim ofreció esta vez. El animador de la noche prefirió básicamente no hacer demasiadas variaciones en algunos aspectos formales de su espectáculo, salvo el de dejar de lado casi completamente sus hits y con ellos todo su sello de identidad en el género, que fuera estampado de forma admirable en un disco-espolón como You’ve Come a Long Way, Baby, ya hace casi quince años. Esto tal vez habrá sido motivo de algunas decepciones de alguna parte del público que, no de forma voluminosa pero si algo notoria, fue dejando la cancha pasado buen rato del inicio de la tanda rave. Aunque claro, no ayudó mucho programarlo todo a media semana.
Pero a pesar de ello, y de que incluso para muchos que hubieran asistido la vez anterior algunos aspectos (como la introducción ceremonial con Praise You) puedieran haber tenido un excesivo sabor a repetición, la fiesta del chico gordo sigue siendo distinguible a pesar de su incursión cada vez más convencional en la rutina clubber. De hecho, pocos como el larguirucho Cook pueden darse el gusto de mezclar a Adele, Madonna, The Rolling Stones, una sección salsera, y Antonio Banderas y su “Desperado”, sin resultar agobiante, aunque tal vez la impresión sería otra si no fuera por la estupenda parte final.
Lástima que solo la mitad de los que inicialmente lo recibieron, tuvieron la oportunidad de ver a Fatboy Slim en su mejor forma con una tanda que fue de una versión más divertida del habitual saludo a esta tierra (I’m in Perú bitch), a en empalmen infernal entre Praise You y The Rockafeller Skank, y que terminó hasta con su vals. Una hora extra que muchos exigieron y que fue devuelta con creces. Como prueba de resistencia, pero también como un limbo en el que no nos molestaría pasar el resto de nuestras trasnoches juntas en una sola.
Foto: Glow
Video: Cocteaulab




