Elton John en Lima: el verdadero piano man nos visitó
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Como en octubre pasado con la llegada de Rod Stewart a Perú, el anuncio del primer concierto de Elton John en Lima estuvo rodeado de una especial nostalgia por parte de cierto público, y no hablo solo de esa parte de los espectadores que ha tenido que esperar décadas para que en menos de un año hayan transitado por acá desde Sting a Paul McCartney, por citar a parte de los que las radios han hecho más conocidos.

La noche inaugural de este febrero extremadamente caluroso nos encontró a varias generaciones reunidas en un Estadio Nacional, que seguramente quedó grande, para ver a uno de los representantes mayores de la música pop de los años setentas en adelante. Poco más de diez mil personas que afortunadamente estuvieron más enchufadas de lo que podía preverse para un show concentrado en el piano, aún cuando estuvo muy biebn acompañado por su banda, en la que dicho sea de paso también estuvieron presentes sus teloneros, los croatas de 2Cellos (que más bien ofrecieron un casi paradójico cóctel hard rockero). Así de rápido, hasta cualquiera de los que guardabamos reparos respecto a lo que ha venido ofreciendo el sexagenario Elton en los últimos tiempos ya no podíamos dejar de revindicar al mito.
Precisamente, si algo ha caracterizado bien a estas llegadas, digamos tardías, de los ídolos de los sesentas y setentas ha sido su consecuente disposición a ofrecer una visión caleidoscópica de sus trayectorias. Y fue más que emocionante poder escuchar no solo varios de sus temas más radiales, sino varias de sus composiciones clave, aquellas que coronan discos tan brillantes como el homónimo, Madman Across the Water, Tumbleweed Connection, o mi favorito de toda la vida Goodbye Yellow Brick Road. La impecable versión en vivo del tema central de este último, significó literalmente transportarse hasta esos borroros momentos en los que se entra en contacto con la música misma, esos instantes en los que si podría valera la pena robar la frase sobre “morir tranquilo”.
Tal vez para un público más reciente, crecido entre la atomización de referencias, los revisionismos de los ochentas y noventas, o sus respectivas desmitificaciones, la sola mención de este literal dinosaurio sea motivo para sarcasmos en Twitter o a viva voz. Pero en ocasiones como esta vale la pena aguzar el oído y reconocer en ahí, donde no lo parece, la fuente de mucho de ello. Canciones como Tiny Dancer, Rocker Man, o Bennie and the Jets, resultaron así conmovedoras escuchadas en vivo. Un grande el que nos visitó este mes, aún con todos esos aciertos y también fallas que suelen ser la factura por sobrevivir.
Foto: Terra
Video: marko666arze




