12 años de esclavitud: el duro camino antes de recuperar lo perdido

Un esclavo negro colgado en un árbol intenta mantenerse con vida por varias horas. Sus viejos zapatos apenas tocan el lodo empozado. Arededor, los niños juegan y las mujeres hacen sus cosas. Para nadie es importante, nadie va en su ayuda. Ese paisaje es el natural en 12 años de esclavitud: los esclavos son violentados mientras la vida de los otros transcurre con normalidad.

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La película dirigida por el inglés Steve MacQueen toma la historia real de Salomon Northup, un afroamericano emancipado, residente de Nueva York que fuera secuestrado en 1841 y vendido como esclavo para trabajar en los valles de Lousiana. Es Chiwetel Ejiofor, inglés de padres nigerianos, quien interpreta correctamente a Northup; en el otro extremo está Michael Fassbender como el cruel y cristiano latifundista Edwin Epps.

12 años de esclavitud es una de las favoritas para alzarse con el Oscar a mejor película. Y su triunfo no sería una sorpresa sino más bien la ratificación de una fórmula conocida que se puede resumir como: haz una película clásica de un momento histórico de EE.UU., incluye actuaciones emotivas y viscerales, graba con realismo pero también ofrece bellas secuencias. Y muy importante: enaltece a un personaje por su dramática historia antes de regresar al hogar y recuperar su vida.

Sin embargo, más allá de mostrar las penurias de Platt, nombre de esclavo de Salomon Northup, y las de otros en su condición, no hay mayor sorpresa a nivel de la trama. La película se dedica a presentar impecablemente, eso sí, una historia conocida y deducible para el espectador quien puede anticipar el final feliz y reivindicativo que tendrá el protagonista, más aún luego de su encuentro con Samuel Blass (Brad Pitt).

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Llama la atención, distrae y desafía el sádico deleite por presentar el maltrato sobre el cuerpo de los esclavos. Las heridas abiertas por los azotes, la desgarradora relación entre víctimas y victimarios. Uno se pregunta si esto es necesario o si McQueen lo hace para bajarle el tono edificante a su película, o quizá para dejar en claro que el único poder que tenían los estadounidenses por entonces, era la violencia. Reflexionemos.

Por cierto, detrás de Fassbender, los personajes secundarios son de lo mejor en la película: el comerciante de esclavos (Paul Giamatti); el débil pero abusivo carpintero (Paul Dano) y Harriet Shaw (Alfre Woodard), cuya participación es breve -una conversación con Platt, apenas- pero define al otro tipo de esclavo, aquel que encontró una manera de sobrevivir con comodidades, aunque sin libertad.

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