A pesar de la buena onda de ella para la conversación, la entrevista no pudo empezar peor: un periodista tardón, despeinado y con uno de sus peores polos apareció en aquella oficina repleta de diplomas y cuadros; donde Frieda Holler, impecable, esperaba (hace bastante rato) en la cabecera de una imponente mesa de vidrio.
Buenas tardes, [...]


