No sabemos si ya sea necesario ponerlo en la constitución polÃtica del estado, pero ese sÃndrome polÃtico de solo mejorar la apariencia de nuestra tres veces coronada (y mil veces maldecida) ciudad, cuando se aproxima alguna visita de adusto semblante y arcas rebosantes, deberÃa inscribirse entre tantas otros absurdos que confundimos con tradiciones y convertimos [...]







